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Miguel Ángel Escárcega. La intuición como política

Una sonrisa socarrona solía delatar su condición de patriarca. No estaba acostumbrado a que lo rebatieran, diseminaba y retrasaba la escasa argumentación que solía acompañar sus decisiones

Juan Durán Arrieta

lunes, 05 abril 2021 | 16:23

Juan Durán Arrieta

Una sonrisa socarrona solía delatar su condición de patriarca. No estaba acostumbrado a que lo rebatieran, diseminaba y retrasaba la escasa argumentación que solía acompañar sus decisiones. Se sabía el mandamás, se reconocía único. No obstante, algo lo mostraba: lanzar la mirada a cualquier parte, como si no hubiera interlocutor alguno.

Voltear la cara hacia ninguna parte, fingir que no miraba a alguien, es mirarlo todo intuitivamente cuando se le cuestionaba. Él prefería aparentar que ignoraba, esa fue siempre su defensa cuando uno conversaba con él.

Dos o tres veces, en las últimas semanas me tocó estar frente a frente con él. Fue miembro fundador del Partido del Trabajo, organización que deviene del Comité de Defensa Popular. Yo he sido comisionado para establecer con él un diálogo que parecía a ratos una conversación entre sordos. No obstante, los argumentos le llegan, aunque se mostrara arrogante, lejano y huraño. Rehuía el debate, quería escabullirse del acorralamiento, aparentaba desinterés para acabar una conversación. No le gustaba ser cuestionado, ni acorralado, prefería el lugar donde él llevaba la voz cantante.

Sé poco sobre su origen. Lo que me queda claro es que viene de un activismo de izquierda en el estado de Chihuahua donde, hay que decirlo, la izquierda ha calado muy poco. Apareció en esa etapa donde se registró un boom de activismo social en la búsqueda de vivienda para muchas familias que solían establecerse en las vecindades, ese modo de vida que consiste en rentar eternamente unos cuartuchos, literalmente pagarlos, sin quedarte con ellos.

Yo me encontraba yendo y viniendo de la Universidad a donde me trasladé para hacer mis estudios de licenciatura en filosofía. Era la época de efervescencia política. Tras mío había dejado aquellas interminables caravanas de vehículos acompañando a Juan José Salas Flores luego de haber sido parte, apenas yo un niño, de la invasión de lo que hoy es la Colonia Villahermosa.

Luego del activismo político y social del señor Salas, vino una etapa de rabia incontenible de aquellos que nacimos y vivimos en una vecindad. Muy adentro de nosotros sentíamos que merecíamos otro destino, y también sabíamos que nadie nos lo regalaría como no fuera arrebatando mejores posibilidades de de vida. Es toda una historia la de Juan José Salas como pionero en estos menesteres, da para un libro completo.

A esas gestas heroicas sobre todo de mujeres que acompañaron a Juan José Salas, le siguieron otras como las lideradas por Ernesto Poblano Fernández quien renunció públicamente a una candidatura que ya se había ganado. En esa dimisión publica tomó entonces la estafeta el profesor Julián Hernández Chávez. Pura historia apretada, que también merece contarse en capítulos aparte.

Julián Hernández Chávez, heredero de todas esas luchas, se lanza a la gesta verdaderamente heroica de fundar una colonia. Ello le implicó la necesidad de invadir unos predios al sur de la ciudad. Se fundó bajo este activismo social el Comité de Acción Popular que luego devino en estrategia electoral. De ahí emanó la candidatura que Julián Hernández ganó en 1983 cobijado por las siglas del Partido Acción Nacional. Aquél panismo aguerrido y todo, nunca dejó su santurronería, abandonó en la contienda a Hernández Chávez una vez que se le fincaron responsabilidades jurídicas por la invasión de los predios de lo que ahora se conoce como la Colonia Acción Popular, mejor conocida como 'la colonia CAP'.

El liderazgo de Julián Hernández Chávez fue arrollador. Había que detenerlo. Ya para entonces yo me encontraba acudiendo a la Universidad Autónoma de Chihuahua por lo que perdí contacto directo con los movimientos que describo. No obstante, vengo de un padre inconforme con la injusticia; a su modo, era otro luchador social como mi madre que siempre soñó con un pedazo de tierra donde edificar su vivienda, de ahí que, tomado de su mano, fui uno de los que la acompañó a invadir lo que ahora es la colonia Villahermosa. Tenía yo apenas nueve años.

En ese contexto llega a Nuevo Casas Grandes Miguel Ángel Escárcega Salinas. Supe después como periodista, que llegó con el propósito de contrarrestar el liderazgo de Julián Hernández. Que su primera incursión fue la invasión de lo q es ahora la “Colonia Tierra y Libertad”. Se trataba de una forma de golpear políticamente a Hernández Chávez, pues los terrenos de 'la Tierra y Libertad' habían sido destinados por los colonos de “la CAP” para hacerse de recursos y edificar sus casas. De esta forma, los invasores a su vez fueron invadidos; se dice que fueron maniobras del gobierno del estado, entonces encabezado por Oscar Ornelas Kuchle.

Miguel Ángel Escárcega Salinas fue uno de los tres mosqueteros conformados por Rubén Aguilar Jiménez y Adán Sigala. A los tres les distinguió el activismo social que terminó consolidándose como un movimiento en busca de tierras para familias pobres. Sus alcances fueron enormes y los distinguió la fundación de un importante número de colonias populares en distintas ciudades del estado de Chihuahua.

A Miguel Ángel Escárcega lo vine a encontrar una vez que terminé mis estudios de licenciatura y me enrolé como periodista de este Diario allá en 1986 cuando comencé a ser parte de la planta de reporteros del matutino. Seguía fundando colonias a través del mecanismo de la invasión. El activismo continuaba con las visitas de los miércoles a distintas dependencias para agenciarse mejoras en servicios públicos como el agua, la energía eléctrica, el drenaje y otras obras de urbanización. Eso mantuvo por varias décadas una base social que Miguel Ángel siempre supo movilizar y mantener en alerta constante.

De 1986 a 1995 trabajé en el entonces Diario de Nuevo Casas Grandes. Sostuve, como reportero, muchas conversaciones con él. No podemos dejar de mencionar a su entonces inseparable José Luis Hernández García. Ambos formaban una dupla difícil de vencer políticamente. Había toda una tenebra en lo que emprendían. Sigilosos a veces, abiertos y confrontativos otras más, se mostraban desafiantes hasta el delirio. Lo cierto es que las visitas de los miércoles a las distintas dependencias gubernamentales eran la comidilla infaltable entre los políticos. Todo esto se desarrollaba bajo el cobijo del Comité de Defensa Popular (CDP).

El activismo político electoral vino cuando se funda el Partido del Trabajo (PT). El Comité de Defensa Popular pasa a segundo termino y la lucha se convierte en actividad política desde el partido. Miguel Ángel Escárcega Salinas se sabía con fuerza política, se sabía merecedor de mejores cosas. Fue duramente criticado por sus invasiones, pero igual, reconocido por muchos beneficiarios pobres que ahora consideran tener una casa precisamente por la intervención de su lucha en favor de 'los, sin techo'.

Una vez, hará unos dos o tres años apenas, lo encontré saliendo de una tienda de conveniencia. Acababa de realizarse una operación del estómago para bajar de peso. Me saludó afable y ruidoso, como dejando ver un gusto que no podía contener. Me extrañó. Fuimos, cada quién a su modo, extrañamente cercanos en lo que se refiere a luchas por los desprotegidos. Nos alejaban sus correrías político-electorales y sus negocios tras bambalinas que le persiguieron como una sombra y sospecha permanentes.

Las últimas semanas, exigido por las circunstancias de una militancia que he decidido emprender, estuve en conversaciones donde él era el centro. No estaba formado, pero se había curtido en la experiencia de la vida, de tal forma que podía hablar sobre política con cualquiera. Se reconocía a sí mismo, solvente y dicharachero. Muy intuitivo para la política. No era de grandes rituales, pero le gustaba estar en el centro de las conversaciones. Evadía miradas, se volteaba a uno u otro lado o miraba al cielo para no dar importancia a sus interlocutores, sobre todo esos que lo cuestionaban y lo poníamos en aprietos.

Descubrió de esta forma la filigrana de la política. Sabía evadir, y cuando no lo conseguía fingía molestia y rompía la conversación. No admitía muchas palabras, sabía que el lenguaje copioso y abierto no era su fuerte. Se le daba hablar sencillo, de una forma que conectaba con los suyos, con los de las colonias que fundó. Ellos lo entendían, tiene en esas colonias a muchos de sus admiradores. Siempre le han reconocido valentía y abiertamente le disminuyen cualquier sospecha. Para ellos, no hay lugar para la duda: creen, simplemente creen.

Miguel Ángel Escárcega falleció este viernes dos de abril. Es amado y también muy criticado. Lo que queda claro es que, para nadie resulta indiferente su vida.

Una de las ultimas conversaciones me dejó un tanto pensativo sobre la forma como se miraba a sí mismo: 'mira, 'me dijo sin ápice de duda'  hay críticas como donde quiera, pueden decir mucho, pero ahí están las colonias y el activismo social que hemos hecho siempre. Yo sí entiendo la Cuarta T. Me gusta López Obrador, nuestro presidente, y lo que está haciendo por los pobres. Yo defiendo la Cuarta T. Hemos traído cosas de Andrés Manuel para las colonias. Muchos no lo ven, pero ahí están. Y críticas siempre van a existir, eso no es un problema para mi'  terminaba resignado pero complacido con lo que había hecho. Descanse en Paz.