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Llegar al gobierno, llegar al poder

Opinión dominical

Juan Durán Arrieta

domingo, 10 enero 2021 | 15:40

Juan Durán Arrieta 

 

El escritor Víctor Manuel Garrido, sostuvo en una conferencia, que si alguna vez Andrés Manuel López Obrador llegara a ganar, podría llegar al gobierno pero no al poder. Dijo además que llegar al poder implicaba la participación de todos. Eso es lo que ha pasado con AMLO, ya está en el gobierno, pero todavía le falta llegar al poder. Ahí tenemos que participar todos, o por lo menos, la abrumadora mayoría que votamos por él. 

Con relativa frecuencia he seguido pensando sobre las minorías ruidosas que se desgañitan pidiendo su dimisión, y que, al no conseguirlo, entonces lo descalifican. Son una minoría que tienen a su favor buena parte del poder económico, justo ese al que pretenden se subordine la política. 

Ya quedó demostrado que los economistas metidos a políticos han dejado mucho que desear. Saquearon a diestra y siniestra, también despojaron al país no sólo de sus recursos para entregarlos, sobre todo a intereses privados y extranjeros, sino además, nos despojaron de lo mejor que como mexicanos tuvimos por mucho tiempo: el amor por lo nuestro, la importancia de lo humano y lo simbólico.  

Para los economistas que gobernaron, los valores fundamentales que mueven sus acciones son la ganancia por la ganancia como el valor máximo. 

-Lo veo y no lo creo, -me increpa un empresario local, cuando escuchaba mi opinión en el sentido de que el gobierno de AMLO me parecía más humano. 

La persona que me increpaba dijo que me tiene situado en el concepto de que siempre he sido un crítico del poder.  

–No creo que ahora siga siendo diferente- le dije sin titubeo alguno. Creo seguir siéndolo, sobre todo cuando, ocurren hechos como los que señala Víctor Manuel Garrido. Es decir, cuando Andrés Manuel, pese a estar en el gobierno, al frente del ejecutivo federal, seguimos percibiendo que aún no ha llegado al poder. El poder lo siguen teniendo los que se aferran a la idea de que la economía es la madre de las ciencias sociales y que inspira la actividad humana que mejor garantiza la buena vida, que no el bienestar. 

Esa sensación de Víctor Manuel Garrido, es la misma que he experimentado yo cuando se me increpa sobre el tratamiento que suelo dar al gobierno de López Obrador. No creo que sea pertinente quebrar con la crítica lo que hace López Obrador como un incipiente modo distinto de hacer las cosas y verme en la disyuntiva de criticar al gobierno y dejar intacto al poder, que, en realidad, por ahora se encuentra todavía en los poderes fácticos. Para eso se requiere más, por ejemplo, que cada quién nos involucremos y hagamos todo lo posible porque el poder se ponga al servicio de los demás, con todo lo demagógico que suele oírse esa frase. 

Nadie puede negar que, con todo y sus mentiras, ocultamiento y aberraciones, los grupos opositores se resisten a abandonar sus canonjías y componendas. Debemos de denunciar que todavía existe toda una serie de valores entendidos entre quienes detentan el poder real; lo miran amenazado, por eso descalifican y critican con denuedo todo lo que se hace, sobre todo aquello que tiene como propósito empoderar al ciudadano que siempre ha quedado abandonado y proscrito del desarrollo y la riqueza que produce el país.  

En este contexto, la lucha de AMLO es contra poderes reales que no pretenden ceder. Se trata de modificar toda una cultura que significa una forma de hacer gobierno a la que caracterizó la corrupción y los privilegios de unos cuantos. 

Quise utilizar para este propósito la frase que revela hasta dónde uno sigue criticando al poder. No se trata -por ahora- de hablar del poder formal, sino criticar al poder fáctico ese que hay que derrotar porque se encuentra en busca de hundir lo que se ha avanzado en estos dos años de gobierno donde, evidentemente, muchas cosas se han revertido. 

Los que me critican porque consideran que he dejado de ser un crítico del poder como una tarea que me ha acompañado prácticamente toda mi vida, debo decirles que incluso en mis tareas en pequeñas posiciones de poder que me ha tocado cumplir, he sido un crítico. Es decir, no concibo el espacio de poder que se me ha conferido cuando me toca dirigir una institución o alguna organización, como un lugar desde donde pueda escalar dejando abandonada la crítica. 

Siento seguir siendo un crítico. Andrés Manuel López Obrador ocupa espacios de decisión dentro del poder ejecutivo, sabe lo que puede hacerse con el poder, el juego que representa, pero lo sabe jugar. No obstante, falta por hacer mucho más para cambiar el rumbo del país. Por ejemplo, es necesario instalar una nueva cultura política donde sea un honor participar con encargos de decisión para ponerlos al servicio de los demás, no para servirse de ellos. 

La crítica que suelo ejercer ahora tiene que ver con dirigir el foco donde debe ponerse: los grupos fácticos encuentran aún amplias maneras de instalar sus intereses para poder moverse en este juego desde el que medraron en detrimento de los más, durante los últimos treinta años. Eso explica que durante el período de esa revolución conservadora a la que se denomina neoliberalismo, haya sido posible que este país tuviera al hombre más rico del mundo y justo a su lado, cincuenta millones de pobres. Más desigual el reparto de la riqueza no puede ser. 

Es precisamente ese estado de cosas lo que se encuentra detrás de quienes ahora se agrupan partidariamente como “PRIANRD”. Se trata de los conservadores de siempre, de esos que quisieran que México no cambiara para seguir disfrutando de los privilegios que les representó un sistema político que empobreció al país al concentrar la riqueza en unas cuantas manos. 

Contra esos poderes fácticos es la lucha del Presidente de la República. En ese mar de intereses que no termina por ser desmantelado es donde se ha tenido que mover muy solo. Muchas veces lo ha hecho sin un partido que lo acompañe, seamos entonces los ciudadanos los que empujemos un proyecto de nación que se asoma, pero que no termina de nacer, como tampoco termina de irse el régimen que saqueó a este país. 

Es el ejercicio de la crítica lo que salva muchas de las actividades que realizamos los seres humanos. He manejado como parte de mi vida recibir de mejor modo la crítica que la lisonja. Mantengo como parte de mi forma de vida considerar que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos, de ahí lo valioso que sea criticar y ser criticado. 

Por otro lado, ejercer la crítica incluso adentro de lo que uno emprende, significa permanecer en un proceso de constante mejora. Nada resuelve el triunfalismo que para hacer bien las cosas, uno las comienza. Si los que critican a AMLO fueran una oposición real criticarían todo lo que consideren que se hace mal; no obstante, dejan de ser responsables cuando se proponen no solo golpear sino tratar de modificar el orden constitucional planteándose la posibilidad de derrocar su gobierno. Eso no significa ejercer la critica, como sería lo deseable, sino inscribirse en un golpismo porque no les interesa el respeto a la ley como se autodefinen sino que los muestra de cuerpo entero su afán por romper los tiempos y los modos que los mexicanos tenemos para hacer cambios de poder político. 

Yo, junto con otros a quienes acompaño, consideramos que el rumbo que ha iniciado el país es lo mejor para todos. Desde lo que me toca y los espacios donde me toca participar creo contribuir para que se profundice este cambio de fondo que pretendemos: fundar un nuevo régimen, más justo, más libre, más solidario, y más equitativo. 

La tarea, entonces, se dirige en esa dirección en cada paso que damos. Nos falta pensar a Chihuahua y lo que le depara en este período de parto político que apenas comienza. Creo que tenemos que experimentar las ventajas que implica la Cuarta Transformación en un estado donde se ha enseñoreado el conservadurismo con toda su cauda de desatención y desigualdad.  

Chihuahua da muestras de no comprender el significado del cambio que requerimos experimentar. Ante la amenaza de la trasformación los grupos más retardatarios, los que no quieren la transformación, los que quisieran simular un cambio para que todo siga igual, se aglutinan también en distintos frentes: los partidos referidos y asociaciones con una visión conservadora de la realidad. 

El parto que tiene que operarse es mayor, pero eso será motivo de otra entrega posterior.