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La idea de servir al otro

En mis clases, mi compromiso con la necesidad de hacer algo tiene que ver con aprender a visualizarnos en el otro

Juan Durán Arrieta

domingo, 17 octubre 2021 | 09:31

Me leen algunos y eso lo agradezco infinitamente. Uno escribe para ser leído. No obstante, me derrotan mis lectores cuando me piden que le baje de nivel a lo que escribo, cuando me solicitan que escriba más llano, menos rebuscado. Dentro de mi, sin embargo, se crea un caos, quisiera complacerlos, pero soy este, a veces no puedo más con la angustia que se me forma adentro porque con sus peticiones me doy cuenta que lo que escribo es una especie de escritura derrotada. Sometido ahora como me encuentro a la observación de lo político en la localidad, donde, además, aparte de comprender las dificultades que implica, tenemos que presentar respuestas concretas, y construir encuentros con los demás, parece como si entráramos en un tobogán de intereses que se entrecruzan y que participan activamente sin permitir la acción. No obstante, hay que hacer algo. Si la política no se traduce en hechos, poco es lo que importa. En mis clases, mi compromiso con la necesidad de hacer algo tiene que ver con aprender a visualizarnos en el otro. El otro, para el político debe ser el pobre, el menos afortunado sea porque presenta una discapacidad o sea porque ha sido el eternamente olvidado, es decir, el adulto mayor, la mamá soltera, la viuda, la prostituta, el homosexual, entre muchos más. Si la política no los piensa y no sirve a ellos, entonces muy poco importante resulta lo que hagamos, porque seguiríamos prolongando la injusticia. El problema es permanecer rodeado de gente que no piensa así. Parece una tarea doble primero convencerles y luego ver la necesidad de operar políticas en esa consecuencia. Uno supone que venir de la izquierda significa saber comprendernos, saber estar en el otro. No obstante, la política también exhibe lo que somos como seres humanos; y entonces, aparece el egoísmo, la presencia de un individualismo sin límites, justo ahí, donde uno supone que podría haber sido desterrado su egoismo. Lo cierto es que, los primeros días, las primeras semanas aparecen como un tanteo, con sus errores y sus aciertos. Es un precio esto de saber por dónde, más cuando hay poca consistencia ideológica y se apuesta por reproducir más de lo mismo. Hay gente valiosa, después de todo, pero hace falta mayor desprendimiento, mayor interés por servir que por servirse. Un ejemplo: hasta ahora se ha ido atendiendo lo emergente, lo necesario. No obstante, hace falta diseñar un rumbo claro. Asomarnos a un punto de llegada cuando se cumplan tres años. Propuse en una ocasión generar toda una política pública sobre los centros comunitarios. Se sigue mejor alentando la visión de resolver lo inmediato en lugar de darle a las instituciones una claridad de la que carecen. Muchas de sus funciones se encuentran en la ley, pero también es posible darles nuestra propia interpretación para hacer cosas diferentes. Prometimos un gobierno diferente y es necesario dar los primeros pasos en ello. Hay mucho por hacer. Ya dije que es necesario, deseable y poco costoso llevar el arte a los distintos parques de la comunidad. Es necesario también hacer mucho con los centros comunitarios cuya infraestructura ya se posee para comenzar con ideas claras sobre lo que significa gobernar desde la izquierda. Hasta ahora, también hay que decirlo, han quedado en propuestas que parece no haber ánimo de operarlas. Mientras tanto se sigue el camino de lo siempre igual: la respuesta ante lo urgente que siempre nos alcanza y nos limita para diseñar un gobierno a nuestro modo. Ser de izquierda significa por lo pronto evitar 'el yoísmo', es decir, promover el discurso del culto a la persona, como si uno sólo fuera capaz de hacerlo todo. Es una enfermedad creer que se asciende al poder para ser ensalzado y reconocido, como si no fuera más importante la responsabilidad que el reconocimiento. Ser de izquierda lo digo con suma frecuencia implica darnos cuenta que lo que hacemos lo hacemos acompañados de los demás, es decir, de otros que van caminando, trabajando y soñando con el que dirige, de tal forma que cuando se habla de algo hecho, hay que saber que lo hicieron varios y no el dirigente solo, como si fuera un dios. Venir de la izquierda implica practicar la cultura participativa, esto es, animar q u e , aparte de los que te acompañan en el proyecto de gobierno como en este caso el municipio de Nuevo Casas Grandes, sea también la población la que ayude a hacer las cosas. Eso significaría saber multiplicar, hacer más con menos, como dice Andrés Manuel López Obrador. Estar en la izquierda también significa diseñar y aplicar políticas que disminuyan la desigualdad. Nuevo Casas Grandes padece de muchas desigualdades. Somos una ciudad a medias, con escasos servicios públicos como pavimento, drenaje y otras necesidades que nos definen como una sociedad atrasada que amerita un esfuerzo mayúsculo, pero que sólo será posible si en lugar de la lisonja y el recurso barato del reconocimiento en medios, se admite la responsabilidad. Hace unas semanas una funcionaria me preguntó: 'Oiga, cómo hacerle si llegamos a un municipio sin recursos. 'Yo me preguntaría, si quien dirige el municipio, en este caso la alcaldesa, está dispuesta a escucharnos a todos, hacer una lluvia de ideas y que cada departamento diga cómo hacerle. Sería sano el ejercicio incluso de preguntarle a la propia ciudadanía cómo cree que podemos resolver esto de hacer más con menos, es decir, multiplicar los pocos recursos que hay, -respondí. Detrás de mis palabras, por supuesto, se encuentra el sueño de un gobierno de izquierda como el que se supone que llegó este año al municipio. Ser de izquierda significa operar desde la esperanza que nos viene de la utopía. Utopía significa 'el no lugar'; esto es, “u” sin, y “topos” lugar. Parece no haber un punto dónde encontrar hechos concretos. No obstante, lo más relevante de la utopía es que nos b r i n d a un horizonte de esperanza, pero, s o b r e todo, nos o t o r g a la posib i l i d a d de algo distinto, completamente distinto. Y una sociedad tan atrasada en servicios como Nuevo Casas Grandes requiere importantes innovaciones, transitar por caminos imposible aparentemente. Sí se puede hacer mucho con poco, lo que pasa es que primero necesitamos formarnos nosotros, es decir, atrevernos primero a mirar que las cosas pueden ser de otro modo, y que una vez visualizadas, es posible también convertirlas en realidad. Por hoy, es necesario hacer pesar más nuestra voz. Aprender a acompañarla con otras voces que comiencen esta posibilidad del sueño de un gobierno, un municipio y una sociedad diferente. Los primeros pasos, hay que decirlo, no llevan esa dirección. Nuevo Casas Grandes tiene ante sí la posibilidad de presentar verdaderas alternativas. Continuar reciclando ideas y maneras de hacer gobierno, necesariamente nos lleva a permanecer estancados como ha sido todo esto hasta ahora. Es de tal tamaño el reto que nos obliga a la búsqueda de maneras distintas de resolver los problemas. Hay mucha amenaza, mucho lo que rodea como para aplicar algo distinto, no obstante, habrá que reponernos a todo eso y decidir, como si fuera la única vez, de que otro municipio es posible. Por lo pronto, el grupo al que acompaño, me ha conferido la tarea de por lo menos trazar algo distinto. Ojalá y sea el comienzo de un sueño que, no por ser soñado, deja de ser posible realizarlo. En el camino vamos, y parece sí tener llegada concreta. Por otro lado, exijo se resuelvan los problemas de corrupción que hay en la UPN Campus Nuevo Casas Grandes y en la UPNECH. Comentarios: jcdurana@hotmail.com