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La frivolidad de la política

El humanismo que conocemos promueve enseñanzas que sucumben ante el exagerado pragmatismo de los tiempos que corren, esto es, considerar como valioso lo que resulta, lo que provoca logros individuales.

Juan Durán Arrieta

domingo, 17 enero 2021 | 14:40

Por años he mantenido la posición de que el “progreso” que nos ofrece el mundo en que vivimos constituye una ilusión. Prácticamente en todos los rubros, sino es que, en los más importantes, incluidos los que tiene que ver con la formación de ciudadanos y la formación de familias, mucho se encuentra descompuesto. Atender el problema amerita cirugías mayores, una atención a la que sólo puede responderse con otro tipo de humanismo. 

El humanismo que conocemos promueve enseñanzas que sucumben ante el exagerado pragmatismo de los tiempos que corren, esto es, considerar como valioso lo que resulta, lo que provoca logros individuales. Se trata de toda una legión de actores que en casi todo lo que hacen, importa el resultado, aunque en el trayecto se vayan dejando girones de ética, de moralidad y de identidad. 

Son tiempos de aprovechar, dirán algunos; tiempos de rapiña y carroña, dirán otros. Lo que no deja lugar a dudas, es que las ideologías y los referentes éticos han sido dejados de lado. Una ideología representa una forma de pensar, un compromiso con una forma de ser y de vivir. Parece confirmarse lo que alguna vez, pomposa y tramposamente dijo el ideólogo estadounidense Francis Fukuyama sobre el fin de la historia como el fin de las ideologías. 

Una vez concluido el ciclo de la caída del socialismo real que se dejó venir tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética para conformar un conjunto de repúblicas independientes, tuvo como resultado el triunfo de un mundo neoliberal. Es decir, otra ideología absolutamente práctica donde lo válido es lo que funciona. 

Existen estudios que consideran que el neoliberalismo es apenas una fase exitosa del capitalismo que en todo esto se comporta como una religión con sus dioses y sus rituales de sacrificio, así como la repartición de culpas. El filósofo alemán, Walter Benjamin abrió un camino muy importante cuando decidió estudiar “el capitalismo como una religión.” 

Se trata de una religión secular, es decir, cuyos preceptos, ideas y prácticas no provienen estrictamente del orden de un orden divino que deviene en iglesias. Se trata de descubrir que la teología juega en lo terrenal y que saberla utilizar secularmente, como una teología profana, podemos ver cosas que no es posible mirar de otro modo. 

El triunfo del capitalismo en su versión neoliberal, desde mi punto de vista, se ha traducido en un despojamiento de lo espiritual del ser humano. Para Franz Hinkelammert, otro filósofo alemán radicado en Costa Rica, el capitalismo se ha dado cuenta que existe una dimensión espiritual en el ser humano, e intenta, de modo secular, es decir, no divino, atender y deslumbrar a los humanos con respuestas prácticas encubiertas de una cierta magia que subyuga, es decir, que no sólo convence sino que mansamente nos hace caer en su dominio. 

Cuando me traigo estas ideas a la política, a esa serie de decisiones que tomamos en estos días de abandono de partidos, de afiliaciones a otros, de nuevas caras, lo que vemos y explica ese “chapulineo” como se le conoce coloquialmente al fenómeno, es un pragmatismo sin límites. Lo que vale es el afán por el resultado sin preguntarse por los medios. A pocos interesa la ideología que más se acerca a su forma de pensar, esto es, permanecer cercano a las convicciones ético-políticas que cada quién defiende. 

Vivimos una especie de “vida líquida” donde todo se desvanece entre las manos. Hasta las ideologías, en este “mundo líquido”, parecen difuminarse y borrarse para ponernos a todos como simples acomodaticios, sujetos a la venta como artículos en el escaparate dispuestos a ser vendidos por el mejor postor. 

Vivimos tiempos de la política sin compromiso. Igual se mira al que se sale de morena para irse al PT sin ninguna explicación, más que un diferendo que no explica. Pero resulta similar a quien viene del PRI y se va a morena para garantizar una candidatura para ser presidente municipal. Ya hasta comienzan a salirse unos del PAN para llegar a morena. Una mezcla de perfiles, de siglas, de prácticas que lo único que nos revelan es la forma dúctil, intrascendente y frívola con que se cambian siglas, militancias, filias y fobias. Ese fenómeno muestra que nuestras relaciones se sostienen sobre algo meramente práctico donde, poco importa lo que cada quién defiende y con lo que se compromete. 

Vivimos tiempos de vacío. Esto es grave cuando ese vacío viene de los que pretenden convertirse en autoridades. En estos días de todo hay. Lo ético es lo que van dejando con este pragmatismo ramplón. Parece que a nadie le importa el compromiso con un modo de ser, un modo de vivir, que, necesariamente, tendría que convertirse en un modo de gobernar. 

Donde el pragmatismo reina, es decir, donde lo único importante es lo que funciona, se pierde todo: dignidad, congruencia, compromiso, lealtad, libertad, responsabilidad. No imagino a los arribistas de ahora comprometiéndose con una forma de hacer y de ser gobierno. Cuando lo ideológico se desdibuja, todo marcha a la deriva, todo gira en función del resultado, aunque ese resultado no sea lo que esperamos los gobernados. 

Un retorno a las ideologías como puntos de partida se hace necesario. Lo otro, el desdibujamiento, el acomodarse a cualquier precio, lo que trae como consecuencia es que tengamos gobierno sin brújula, sin compromiso, sin causa, como no sea, la respuesta al día a día, a la deriva de la circunstancia. 

Este desazón y mal sabor de boca me deja, además, cuando escucho a los que acaban de inscribirse para crear aquí el Partido Encuentro Solidario. Los escuché en la semana. No hubo sustancia, como no sea, tratarse de caras nuevas. Se dicen jóvenes y distintos. Bajo este análisis sólo se trata de personas que se aventuran en un horizonte sin rumbo claro. Nadie, ni quien dirigió la reunión que se difundió en las redes, pudo hilvanar un discurso coherente con el tipo de sociedad que sueñan, por la que luchan. La única justificación que repetían, una y otra vez, fue la más fácil: prometer no ser como los políticos de siempre.  

No obstante, cuando se muestran como tales, con tan pocas ideas, con tan poca claridad programática, lo que hacen es parecerse a esos políticos sin compromiso que ahora pululan. Nada nuevo ni distinto ofrecen como no sean sus caras frescas y pragmáticas de siempre. 

Lo mismo es con los emecistas que se traicionan mutuamente. El candidato a la presidencia municipal de Casas Grandes que viene del PRD le arrebata esa nominación a quien la sudó hace tres años, pero que terminó sirviendo a un gobierno perredista, y que de paso, se dice ciudadano. 

Hasta los gobiernos ciudadanos se encuentran desdibujados. ¿No hay causas ciudadanas qué defender?, ¿Cuáles son? Hasta hoy, no escucho a ningún ciudadano comprometidos con causas que tienen que ver con construir ciudadanía. Es el mismo discurso vacío de siempre, venga de ciudadano o de un político consumado. Vivimos políticos al vapor. Diluidos sus principios, se diluyen ellos mismos en un gobierno para la nada. Ellos mismos son nada porque no representan un pensamiento, una forma de soñar u otro tipo de sociedad. En fin, es el comienzo de un vacío ideológico que no garantiza mejores gobiernos.  

Es evidente que situarse en un capitalismo que todo lo vende, hasta las ideologías, termina por vaciar a los seres humanos. La versión neoliberal de este capitalismo contemporáneo se nos ha metido hasta la cocina. Verlo como si fuera una religión donde sus dioses son la ganancia y el dinero, terminan por vaciarnos como sujetos sociales, como personas que estamos aquí para hacer sociedad, no sólo para hacer mercado. 

Nuestros políticos, salvo quizá algunas honrosas excepciones, sucumben al pragmatismo. Son presa de un capitalismo salvaje que todo lo resuelve con dinero. Gana el que más dinero invierte, el que tiene al padrino más poderoso económicamente.  

Lejos quedaron otros valores como la honorabilidad, la honradez, la solidaridad, la ayuda mutua y la cooperación entre ciudadanos. La idea que domina es la del individualismo atroz donde cada quién se debe rascar con sus propias uñas.  

De ese individualismo atroz, sólo puede venir un colapso social con su cauda de problemas como la inseguridad y la violencia. 

 

Gasolina cara. ¿Sólo aquí? 

 

Para mi fortuna, la pandemia me mantuvo todo el 2020 sin viajar prácticamente a ninguna parte. Podría decir, como el título de una novela de J.M. Coetze, me encuentro “en medio de ninguna parte”.  No obstante, me he enterado que al salir de la ciudad, instalarnos tan solo a ochenta o cien kilómetros de distancia de nuestra localidad, el precio de las gasolinas desciende uno o dos y hasta tres pesos por litro. En Chihuahua capital, me dicen, hay precios de hasta 17 pesos el litro, mientras que en San Buenaventura o en la comunidad de Flores Magón vale poco más de 18 pesos. 

Sólo aquí en Nuevo Casas Grandes, todas las gasolineras, absolutamente todas, se encuentran con precios por arriba de los 20 pesos. ¿Será este fenómeno producto de las leyes del mercado? ¿Se trata de un acuerdo tácito entre vendedores que intervienen al mercado poniendo precios tan altos y no compitiendo entre ellos? 

Suena raro que algunas empresas, como “Leyva Gas” tenga una gasolinera en Nuevo Casas Grandes con precios arriba de 20 pesos por litro, en tanto que la misma empresa, en Flores Magón, apenas a cien kilómetros de Nuevo Casas Grandes, ofrezca el producto a casi 18 pesos. 

 

Por otro lado, exijo se resuelvan los problemas de corrupción que hay en la UPN Campus Nuevo Casas Grandes 

 

Comentarios: jcdurana@hotmail.com