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ITSNCG Noeliberal, acabar con 'las' Instituciones o con 'sus' instituciones

Cuando se acusa que AMLO destruye instituciones yo no dejo de voltear cada vez hacia nuestro tecnológico

Juan Durán Arrieta

domingo, 26 diciembre 2021 | 09:39

Esta semana pudimos constatar en redes y medios de información tradicionales la forma como los trabajadores del Instituto Tecnológico Superior de Nuevo Casas Grandes pudieron arrancar de las manos del gobierno del estado sus aguinaldos, una prestación obligada e irrenunciable, que les estaba siendo escamoteada. Por otro lado, desde muchos ángulos se ha revisado aquella frase de Andrés Manuel López Obrador acerca de haber mandado al diablo a 'sus' instituciones. En aquella ocasión, hace ya años, se orquestó una campaña de linchamiento contra el entonces candidato en 2006 acusándolo de atentar contra todo lo establecido en el país. Como casi siempre, se trataba de una acusación falsa, pero regresa como un fantasma ahora que como Presidente de la República ha decidido modificar el escenario de lo público, sobre todo eliminando las instituciones que creó el neoliberalismo utilizándolas como camuflaje para legitimar muchas de sus acciones, generalmente tendientes a la corrupción y a la simulación. Sin embargo, nadie habla de la defensa que hace el gobierno de López Obrador de instituciones como Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE) o Gas Bienestar, entre otras. No se trataba de acabar con “las” instituciones, sino de prescindir de esas que alientan y dan soporte al esquema neoliberal, es decir, a esa forma de vida que todo lo convierte en mercado y ganancias. Por todo eso, y por mucho más, desaparecieron los fideicomisos por donde se fugaban enormes cantidades de dinero, pero también los órganos supuestamente autónomos a los que, por cierto, se les dispensaban enormes y fabulosos salarios a sus integrantes. Con esto, solía cooptarse la conciencia de los mismos para aparentar pulcritud y legitimidad de todo lo que tocaban. Pues bien, es mucho lo que puede bordarse desde este artículo acerca de esos organismos, pero el propósito de hoy es sostener que entre las muchas instituciones que creó el neoliberalismo, el Instituto Tecnológico Superior de Nuevo Casas Grandes es una de ellas. Se trata de una entidad que no es pública, pero lo es; tampoco es privada, pero lo es. En suma, es un híbrido sobre el cual nadie comprende; pero a ese galimatías se suma su utilización como bastión político partidista que da al traste con la nobleza que significa formar a los futuros profesionistas de esta región. Cuando se acusa que AMLO destruye instituciones yo no dejo de voltear cada vez hacia nuestro tecnológico. Evidentemente, soy un ferviente defensor de la educación pública, jamás desearía que desapareciera esta importante institución, pero sí abogaría porque se asumiera absolutamente pública, con todo lo que ello implica. No obstante, el tecnológico carga también con el lastre de haberse convertido en un botín político de los gobiernos en turno. Si los que ganan en Gobierno del Estado son priístas, entonces la dirección se reparte entre priístas, pero si quien gana la gubernatura es un panista, entonces a los azules les corresponde ocupar la dirección, y a veces, con ella, todo un staff de políticos que muy poco saben sobre educación. Así las cosas, nuestra alma mater, hay que decirlo, adolece de origen de un comienzo chueco, anómalo, por decir lo menos. En el fondo, es su diseño lo que lo entrampa y lo postra ante el mejor postor, pues, suele ser visto, no como una institución educativa sino como un botín político. Algo similar sucede con otra institución neoliberal a la que se denomina 'Universidad Tecnológica de Paquimé'. Nadie debe decirse sorprendido sobre la forma como se crearon las universidades tecnológicas. A muchos aspirantes les interesaba acudir a las universidades, no acudir a formarse como profesionista en los tecnológicos. Como la política neoliberal propone centralmente que buena parte de la educación deba enfocarse a la formación de cuadros para las empresas y las fábricas, y como esos cuadros suelen formarse en los tecnológicos, había que convertir en atractiva la idea de formar esos mismos cuadros en una universidad, que en muchos sentidos, es un tecnológico. Galimatías con los nombres, enredos, camuflajes y vaciedad en los propósitos. Así entonces, hasta se creó la figura de 'técnico superior universitario', que no es ora cosa que un 'técnico', como los que forma el Consejo Nacional de Educación Profesional y Técnica (Conalep). Con todo y la figura supuestamente universitaria, el 'técnico superior universitario', evidentemente, al ser un'écnico' gana menos, una condición valiosa sobre todo para patrones y contratantes de sus servicios. Ya dije que utilizar las instituciones educativas como botín político partidista significa postrar a un nivel educativo, ese que forma a los futuros profesionistas. Con ese lastre, con esas prácticas lamentables, salen a la sociedad formados en el ejemplo de instituciones que suelen ser utilizadas y capitalizadas políticamente, justo esas instituciones donde podrían gestarse procesos de transformación y riqueza social, donde pudieran generarse nuevas formas de relaciones humanas, otras maneras de hacer gobierno, de dirigir instituciones, de construir sociedad. Bajo estas premisas, quienes nos dedicamos a la observación de lo público, no tenemos otra que coincidir con López Obrador en el sentido de que existen instituciones que no cumplen sus funciones sociales como no sea para legitimar decisiones a favor de unos cuántos. El Presidente de la República suele situar el ejemplo emblemático del Instituto Nacional para el Acceso a la Información (Inai) donde, su primera decisión consistió en restringir informaciones a las que la sociedad, en estricto sentido del respeto a la información, debería de tener acceso. Igual ocurre ahora con el Instituto Nacional Electoral donde, quienes lo dirigen, pueden considerar que la democracia se agota en el ejercicio del voto para elegir gobernantes, cuando existen otras figuras igualmente democráticas a las que la población debiera tener acceso como la revocación del mandato tan en boga en nuestros días, y consultas públicas de diversa índole que ofrecen alternativas para otros modos de hacer sociedad. No se trata, con todas las críticas de por medio, de acabar con el INE, sino de promover dentro del instituto otras formas de vivir la democracia, en otras palabras, que la institución decida aventurarse en otras formas democráticas que tienen que ver con mejores maneras de convivir, desde otros valores. Una vez, allá por los noventas, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) cuya cabecera distrital federal se encontraba aquí en Nuevo Casas Grandes, me invitó a ofrecer una conferencia sobre teoría del estado, las diferentes formas de gobierno, desde las más autoritarias hasta las más democráticas. La sensación que me dejó aquella experiencia fue en el sentido de observar que el propio IFE no vivía en su vida cotidiana la democracia que decía pregonar. Quise imaginar entonces que la estructura tradicionalmente colegiada o grupal que define a ese instituto diera cuenta de toma de decisiones en base a la consulta pero también en base a informes a la población, esto es, que en lugar de vivir una cultura jerárquica donde unos mandan y otros obedecen, deseaba mirar que las decisiones se tomaran de forma horizontal, es decir, donde cada uno de sus miembros tuviera algo que proponer, algo que sugerir, y, en ese sentido, también algo diferente que vivir. De eso se trata este cambio que inició en 2018. De reemplazar culturas autoritarias y jerárquicas por culturas más democráticas y horizontales. A veces observo que los entrampes entre lo que promueve López Obrador y los que seguimos sus formas de gobierno, y lo que se vive en el INE con un grupo élite que toma decisiones, tienen que ver con dos formas de concebir lo público, es decir, considerar que la democracia representativa es mejor que la democracia participativa. La izquierda, desde su visión de venir desde abajo, de proveerse incluso de experiencias que vienen, algunas veces, de los pueblos originarios, tiene ante sí un reto. Ese desafío tiene que ver con generar una diferente cultura democrática, pero a la vez, vencer a quienes consideran que es mejor conservar que modificar. De este desafío quiero referirme con respecto a lo que considero acerca de lo sucedido con los integrantes, trabajadores docentes y de apoyo. Necesitan trabajar para el rediseño de su institución para consolidarla, pues cada vez hará más aguas conforme se vaya modificando esta cultura neoliberal que inicia con la concepción social donde es natural que haya ganadores y perdedores, amigos y enemigos, o quienes mandan y quienes obedecen. Los vientos soplan, para nuestra fortuna, hacia la superación de estas formas de gobierno. Hacia otras figuras más democráticas, más incluyentes y que alientan otro tipo de sociedad. Por otro lado, exijo se resuelvan los problemas de corrupción que hay en la UPN Campus Nuevo Casas Grandes y en la UPNECH. Comentarios: jcdurana@hotmail. com