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Ernesto Poblano: La construcción de su candidatura

Sin querer, realmente de pronto ya me vi como un amigo más de Nuevo Casas Grandes

Arcadio Sánchez Rodríguez

domingo, 19 septiembre 2021 | 08:38

S igue el testimonio de Ernesto Poblano Fernández, ahora acerca de su candidatura a la presidencia municipal y un poco de su campaña: ¿Cómo se fue construyendo mi candidatura? Precisamente ahí nació, de esas reuniones, porque se les ocurrió invitarme a una de ellas como Recaudador de Rentas, y ya de que expuse yo mi punto de vista y las razones que existían tanto del gobierno como del municipio, pues se me tomó como un miembro más de esa asamblea, entonces, ya cada diez, quince días, que se hacían ya teníamos programada la junta para tal día, pues ahí estábamos presentes, a veces con voz y voto y a veces nomás con el voto, pero yo creo que fue el eslabón principal para darnos a conocer y llegar. Por otra parte, la popularidad en el béisbol que me encantaba; no jugué ahí, pero participé en varios eventos de cuando se inauguraba el estatal y todo eso y me hacía acompañar por, más bien me les pegaba yo, a Jaime San Miguel, a Nicolás Contreras, a todos ellos. Sin querer, realmente, de pronto ya me vi como un amigo más de Nuevo Casas Grandes, como si tuviera veinte años viviendo ahí con ellos; todos con una familiaridad, “¿cómo le va señor Poblano?” Y “¿cómo está?” Y que, “¡adiós!” Y ya, en donde quiera que veían la troquita blanca con el escudo, todo mundo “¡adiós!” y “¡adiós!”. Llegábamos a cualquier lado, mi señora y yo, y perfectamente, de esos casos que no le quieren cobrar a uno la comida, y a veces no insistía yo mucho para que no me la cobraran; me dejaba querer, ¿cómo la ve?, ja, ja, ja. Empecé con mi bolera en el lomo, yo nada más, así nací, en mi terruño, y yo creo que fue lo que me hizo agarrar experiencia; platicando con los grandes que boleaba por ahí en Ojinaga y no recuerdo para nada, yo, haber hecho una pieza de oratoria, ni en el Instituto Comercial, ni en secundaria, ni en ningún lado, sino que de la noche a la mañana me vi involucrado en esto y solitas salían las palabras de lo que yo realmente sentía, porque para hablar de lo que uno siente, pues es lo más fácil del mundo y se me iba la lengua y podía hablar hasta dos horas, no tenía llene, a veces, a veces, apuntaba cinco puntitos ahí nomás para a la hora de abordarlos, pero de ponerme a leer algo, jamás… Orador nato, completamente, absolutamente nada Arcadio, ningún curso, ninguno, ninguno, me enardecía mi sangre y me salía esa fuerza que hasta yo cuando los escuchaba, oía las grabaciones y decía: “¡Ay, buey!, ¿seré yo?, ¿no seré? o ¿qué pasó ahí?” Sí, no, es que muy bonito lo que uno siente. Pero te digo, así me desenvolví yo, boleando hasta mis trece años, trabajando en vacaciones, en cada tienda de abarrotes, de verdura, de carnicería, vendiendo periódico, vendiendo melones, que en ese entonces se traían de Estados Unidos, pero todo eso me hizo crecer en el ambiente, en la picuta del pueblo, y cada vez que escuchaba, yo ahí me hacía bolita oyendo a los grandes de ese entonces que se decían políticos, ¿verdad?, y, pues, viendo a Diógenes Bustamante, que fue un gran orador del PRI y a otro profesor por ahí, pero fue todo, yo jamás, ¿tomar una clase para ser un orador?, ¡jamás en la vida! En Nuevo Casas Grandes, en la campaña, ahí los fuertes, los pilares, bueno, Norma Azucena, Julián Hernández y Perla Pérez, definitivamente. Conexiones con organismos, con sindicatos, pláticas y ellos lanzaron la boleta, “nuestro gallo es Ernesto Poblano y vamos a proyectarlo; no sabemos por qué partido, no tenemos a nadie, pero se va a ir Ernesto de punta”. Yo, sinceramente, no lo esperaba, no lo buscaba, pero sí, como que sentía que debería de enarbolar la bandera en Nuevo Casas Grandes, porque se veía que todo el tiempo el partido oficial, la dictadura “este va a ser”. Se me asemejaba la historia de Ojinaga, que todo el tiempo ganaba el PAN, pero nunca se reconocía. El error principal, que nunca se comprobaba con hechos, con actas, nunca se cubrían las casillas a fondo, todo el tiempo. En una casilla que falta el representante ahí ya nos llevó el tren. En ese entonces, cuando el doctor Gómez, recuerdo yo Hidalgo y, quizá, San Pedro Corralitos, había 50 habitantes, sacaron como 500, 800 votos, porque pues no tuvimos, no tuvimos para mandar un representante a ese pueblito. Lo mismo sucedía en Ojinaga, la falta de preparación de representantes de casilla siempre nos hacía que, al final, no sacaran la constancia de mayoría, el acta de escrutinio siempre tenían que hacerla a favor del PRI, por cinco, por diez o por mil votos, pero siempre a favor del PRI, y anulando cantidad de votos, como también fue en Nuevo Casas Grandes, porque mucha gente cruzó el Auténtico y cruzó también el Socialista, entonces automáticamente ese fue de los devaluados: ¡vámonos!, ¡al cesto de la basura! Y, pero sí, en realidad yo mismo me sorprendo, me sorprendí “¿cómo llegué a ser candidato?” Pero es que también nadie quería enfrentar al PRI, la elección inmediatamente… Por una parte, tenía la experiencia, pero por otra había mucha gente –y la hay– capaz, que podía haber tomado el toro por los cuernos, aparte de que no querían ni dar la cara y menos por Acción Nacional, pues los que había de Acción Nacional económicamente se sentían, pues, desprotegidos. Nosotros tuvimos mucho apoyo de mucha gente, se puede decir ahí al estilo gabacho, under water, porque ahí estuvo, pues, uno de ellos, La Bola, del señor Murillo. No voy a decir que también, este, los Palma, pero había uno de ellos que simpatizaba con nosotros y le daba trancazos a Andrés y a Adán, para echar la ayudada económicamente, cosa que yo nunca, pues que nunca fui a recibir o que diga yo, a mí me dieron, o me ayudaron; me entregaron eso a través de Perla o de Norma Azucena que eran las más activas para recabar fondos. Aparte, una campaña es barata, completamente económica, si el pueblo está ayudando, es como las obras: “Vamos a meter el agua aquí, pero ustedes van a hacer las zanjas, ¿están de acuerdo?” “Ah, claro que sí”. El pueblo hace las zanjas, este, el municipio pone la tubería y ellos mismos volvían a tapar las zanjas y, claro, pues en lugar de hacer un kilómetro hacíamos diez kilómetros o más, entonces eso fue, es lo que ayuda, definitivamente más; y la gente fue una cosa increíble, cómo se llegaron a involucrar tanto en la campaña de Ernesto Poblano. Hasta ahí el testimonio, esta vez. Luego, vendría la elección y, lo más importante: la insurgencia electoral.