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15 a1

He sostenido que habría que venir a servir no a servirse. Parece poco pedir pero es mucho

Juan Durán Arrieta

domingo, 14 noviembre 2021 | 09:08

El título es sobrio, pero su contenido no lo es. He venido insistiendo en un gobierno diferente. Hay resistencia a estas palabras. He sostenido que habría que venir a servir, no a servirse. Parece poco pedir, pero es mucho. Eso se defiende, para eso estamos aquí, y aunque parezca soñado, es todo un trecho por el cual avanzar. Una lista de plazas que suele modificar cada ayuntamiento cuando llega, nos puso a cada quién en el lugar que nos corresponde a partir de nuestras primeras acciones. Los que defendemos a la población, los que nos comprometemos con quienes nos votaron y los que abandonan sus compromisos y sobreponen sus intereses personales o grupales. No se ha podido hacer algo distinto en la parte ejecutiva, bueno, pues hagámoslo nosotros, los del cuerpo de ediles. Vivamos la experiencia distinta desde la parte que nos toca, es decir, desde la parte del grupo que conformamos el cabildo. Por primera vez, me atrevo a decir, un cuerpo edilicio decidió unánimemente no aprobar todas las decisiones, así vengan del máximo poder municipal, pero, mucho menos aquellas que tienen que ver con lesionar los intereses de la población. Lo dije a voz en cuello, debe haber quedado asentado en el acta: 'Aquí venimos a servir, quien crea que se viene al servicio público para quedarse con el dinero, o a hacer dinero, está en el lugar equivocado. Prometimos un gobierno diferente, y, con ello, queremos decirle a la gente que los primeros que tenemos que abrocharnos el cinturón somos los que estamos en el gobierno. Y estoy dispuesto a cumplir con la parte que me toque. Quien quiera hacer dinero que se vaya a otro lado, a la empresa privada, por ejemplo, pero no en la función pública. Quisiera ver en el presupuesto de egresos, cuánto de los recursos van directamente a los más necesitados, lo espero con cierta ansia”, terminé. Palabras más, palabras menos, es lo que dije en esa sala de cabildo donde nos negamos a aprobar incrementos salariales, aparte de la creación de algunas plazas en el municipio. Sin el ánimo de confrontar, pero dado que los medios de información han brillado por su ausencia ante un suceso histórico por donde se le vea, hay que darle relevancia a este momento. Nos habíamos propuesto, como miembros de cabildo, estar de lado de la gente, permanecer donde estuviera la razón, la justicia y la equidad. Que este momento parcial de nuestra historia local, no sea motivo de soberbia para nadie, que sea en todo caso, un modo de seguir guardando la compostura y de continuar comprometidos con las mejores causas del municipio y su región. Se dice con mucha frecuencia, porque es el slogan que permanece en las mantas del municipio que 'Juntos hacemos historia', es precisamente lo que sucedió en la pasada reunió de cabildo. Hicimos historia por diversos á n g u l o s : v o t a m o s todos los partidos políticos, a través de sus representantes, en defensa del pueblo y sus intereses. Por otro lado, los que somos parte de la coalición ganadora, no podemos ni debemos actuar en automático como defensores absolutos de todo lo que marque el gobierno. Por primera vez, estas fracciones que, podríamos decir, somos parte del gobierno por ser ganadores, no votamos como automáticos defensores de quienes gobiernan, de hecho, hicimos el llamado de que se trabaje más en favor del pueblo. “Nosotros, como gobierno, somos los primeros que debemos abrocharnos más el cinturón 'dije- y estoy dispuesto a cumplir mi parte, si es el caso de que tengamos que bajarnos los salarios”. Quince a uno fue la votación. Por fin, parece que estamos ante un ayuntamiento que actúa como tal. El voto diferenciado es el de quien representa todo este ayuntamiento, con toda su legitimidad, defendía sus causas. Le he dicho a todos los compañeros regidores: esta es una primera batalla y parece que la hemos jugado muy bien. No obstante, preparémonos para los embates, aquí juegan dos visiones y una querrá recomponerse y volver a imponerse. Si la cultura fuera otra, no buscarían recomponerse, preferiría hacer un encuentro, buscaría ponerse de acuerdo, es decir, una especie de nuevo comienzo. No obstante, eso significa pedirle peras al olmo, es como pretender caminar en un mundo que parece no sólo no existir, sino que nadie lo ve. Se trata de comenzar a trabajar y convertir en realidad una política de servicio a los demás. Quienes me conocen y conviven conmigo, muchos de mis alumnos por ejemplo, saben que mantengo la idea de que es posible otro modo de hacer las cosas. Visualizo y sueño la posibilidad de convivir bajo la lógica de los acuerdos, de la consulta y del informe como formas de gobierno horizontal. Este cabildo, también hay que decirlo, se puede caracterizar por estar viviendo esa figura horizontal para existir. Días después de la votación referida, un regidor se acercó a un servidor, para comentar que le habían preguntado sobre el líder del grupo. 'No hay líderes, todos hablamos, todos participamos” -dice que les dijo. Sus interlocutores quizá se hayan quedado incrédulos, sorprendidos. Parece una vía no posible, sin embargo, fue tan posible que los resultados ahí están. Coincidimos todos porque nadie lleva agua a su molino, en todo caso, es la población -a la que nos debemos con sus votos- la verdaderamente ganadora. Por lo que a mi toca, no abrigo, ni aliento la vanagloria fácil ni el aplauso estéril y simple. Nada hay que celebrar, como no sea el comienzo de un camino distinto de la política en Nuevo Casas Grandes. Una política de mayor responsabilidad y de más compromiso con una población permanentemente maltratada por esta idea de creer que se llega al poder a amasar fortuna. El mismo día de la votación, también quiero decirlo, me habló una sorprendida periodista para preguntarme de lo que había sucedido. Pasmada, le parecía irreal que prácticamente todos los regidores hubiéramos coincidido. 'Esto es historia, yo creo que nunca en Nuevo Casas Grandes, se había visto un cabildo tan unido, contra de este tipo de decisiones.” Me dijo sin ambages y con evidentes muestras de asombro. Es obvio que, en un sentido distinto del término, estamos viviendo otro modo de hacer política. Es como si la alcaldesa y sus funcionarios estuvieran en una pista, y nosotros, los regidores, en otra. Para bailar juntos se requiere mucho, sobre todo dialogar muchísimo, platicar y platicar, hasta descubrirnos una cultura común, un modo de decir las cosas y, aprender a jugar juntos. Divorciarnos es fácil. Romper cualquier lazo de convivencia sería lo lógico para la forma de pensar más extendida, esa forma que enchueca lo político. La política, no obstante, es un arte noble que los seres humanos inventamos para convivir. Lo que ha sucedido en la parte que le toca representar a la alcaldesa, ha sido una parte ominosa de la política. Existe ahí una forma autoritaria y absolutista de hacer gobierno. Buena parte de las renuncias de funcionarios tiene que ver con esa política de no mostrar ninguna consideración por sus colaboradores, sino que, al contrario, muchos de ellos son vituperados y agredidos con palabras y amenazas. Las renuncias parecen medidas inofensivas, no obstante, muestran ya una administración errática, sin rumbo claro. A dos meses de haber comenzado, deseo que haya un cambio de paradigma, que haya un nuevo comienzo, que exista la humildad que también es parte de la política. La cultura autoritaria parte de premisas maquiavélicas. En esas formas de hacer política el bien parece no tener cabida, suena como una utopía. Quien sigue a Nicolás Maquiavelo, es capaz de sostener la cultura de infundir miedo como un signo de fuerza, la política del temor como signo de poder. No obstante, hay otros autores como Emanuel Levinas, que consideran que la mejor política es la del abrazo, la del encuentro, de la hospitalidad y del trabajo conjunto. No es más fuerte quien más grita y quien más llena con palabras el ambiente, en todo caso, todo ello representa un signo de debilidad. En cambio, quien considera a los demás, quien tiene palabras de aliento, quien anima procesos conjuntos de trabajo y quien se esfuerza por comprender a los demás, suele tener el poder que le confieren sus acompañantes. No es un poder artificial que le otorga un cargo, o un nombramiento, sino el poder real que le confiere quien le acompaña y quien lo inviste de una representación cuya legitimidad viene de abajo, de los que realmente mandan y a los que realmente servimos. Ojalá este suceso, de quince a uno, represente una lección y un aprendizaje para todos. Por otro lado, exijo se resuelvan los problemas de corrupción que hay en la UPN Campus Nuevo Casas Grandes y en la UPNECH. Comentarios: jcdurana@hotmail.com