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‘Hace 3 meses que no abrazo a mis papás’

Enfermeras desafían carga emocional y aislamiento familiar para atender a pacientes Covid

El Diario

Alejandro Vargas
El Diario de Juárez

domingo, 21 junio 2020 | 12:30

Ciudad Juárez.- “Tengo un mes y medio viviendo aparte de mi familia”, “tengo desde marzo que no le doy un abrazo a mi mamá, que no le doy un abrazo a mi papá”, “Dios decide, sabe qué tiene para cada uno”, “nunca me había tocado nada tan impactante”, son ecos que a la hora de dormir invaden al personal de Salud del Hospital General, uno de los principales nosocomios Covid-19 en la frontera.

En el hospital, con capacidad para 94 pacientes, existen personas dispuestas a entregarlo todo por la ciudadanía, con emociones como miedo y alegría que deben equilibrar para servir a quienes enferman.

Amparo Ramírez, de 45 años, enfermera con 24 años de servicio ahí, viste cada mañana a sus compañeros antes de que entren al área Covid-19: cubrebocas KN95, caretas, gafas, trajes quirúrgicos, guantes y otros utensilios coloca con cautela a sus colegas, quienes en ella confían su vida y enfrentan por su labor ansiedad, cansancio y deshidratación.

“Es algo nuevo para nosotros, es volver a empezar. Mi área de trabajo ha sido quirófano y por más compleja que pueda ser una cirugía se tiene un proceso que seguir, pero aquí (con el Covid) no. Sabes que va a llegar el paciente y así como puede llegar bien se puede poner mal y fallecer… son cuestiones que sí te marcan”, cuenta Amparo, quien destaca que por ello es una madre más estricta.

“Así somos las mamás enfermeras, queremos cuidar a las crías”, dice en tono burlón. Ella es apoyada en su desempeño por la enfermera Margarita Carrillo, de 43 años, con 22 de experiencia en el HG, quien –asegura– se refugia en la religión para solventar la fatiga espiritual a causa del Covid-19, padecimiento que desde el pasado 17 de marzo, según la Secretaría de Salud, acumula en Juárez 2 mil 024 contagios y 444 decesos.

“No separarme de Dios me ha ayudado mucho a mí, la oración, el estar muy cerca de Él, refugiarme… porque como ser humano he sentido esa tristeza y esa angustia, pero me ha movido más el servicio de ayudar al paciente, salvaguardar, apoyar, hacer uso de mi profesión”, manifiesta.

“Soy una persona que cree muchísimo en Dios y sé que sus tiempos son perfectos. Nosotros somos muy bendecidos porque tenemos la oportunidad de cuidar gente con mucho amor”, agrega.

La también esposa y madre de dos hijas que recién terminaron la secundaria y preparatoria, precisa que con frecuencia habla con personas que siguen ajenas a la gravedad de la pandemia, para que no se confíen ya que “aún hay quienes piensan ‘ahí los matan en los hospitales’ o ‘el virus es mentira’”, que a decir de Margarita, al enfermar se enteran que no es así.

De acuerdo con el último informe del Estado, el Covid-19 en la frontera rebasa en índices a la ciudad de Chihuahua y al resto de la entidad, ya que su letalidad (porcentaje de muertes del total de casos) es de 21 por ciento, su mortalidad (personas que mueren por cada 100 mil habitantes) es de 26.69, y su morbilidad (personas que se enferman por cada 100 mil habitantes), es de 125.34 por ciento.

La ciudad de Chihuahua, según los datos, tiene un 8.78 de letalidad, un 6.48 de mortalidad y un 73.75 de morbilidad, mientras que en el estado hay 16 por ciento de letalidad, 12.58 de mortalidad y 75.29 de morbilidad.

Esto preocupa a la enfermera Carolina Núñez, de 34 años, quien, como gran parte del gremio, para disminuir los riesgos de contagio se alejó de su familia, lo que le ha impedido ver a su hija de 14 años, que está con sus abuelos.

“Batallo mucho para dormir desde que empezó todo esto, me pongo a rezar hasta que me quedo dormida y aprovecho también para compartir con mi niña por teléfono. Es algo muy difícil, yo sé que está en buenas manos… en cuanto salgo hago videollamada”, cuenta.

A pesar de que subraya –junto al resto de sus compañeras– que el hospital les brinda los insumos necesarios para la contingencia y que han recibido apoyos del empresariado, lo cual agradece, su temor al contagio es bien fundamentado, ya que oficialmente 647 trabajadores de Salud en el estado han enfermado y 15 fallecido.

Se trata de 188 médicos, de los cuales 4 han muerto, 357 enfermeros (5 fallecidos) y 102 casos de personal con otras funciones en los hospitales, entre los que se cuentan seis decesos.

Como en cualquier hospital Covid-19 existe riesgo de que pacientes fallezcan, lo que para las enfermeras representa una carga emocional desafiante.

“Ellos mismos ven a otros pacientes fallecer y es cuando nosotros entramos, les decimos ‘no se preocupe, usted va muy bien, el otro pacientito tenía más complicaciones’, porque claro que también eso les provoca mucha ansiedad”, dicen.

De acuerdo con datos oficiales, el Hospital General ha contabilizado 142 de las 444 defunciones en Juárez, sin embargo, sostiene Carolina, también ha sido partícipe de una gran parte de los 398 pacientes recuperados, lo cual, coincide con el resto de sus compañeras, es una “compensación grandiosa” que finalmente pone sentido a los sacrificios que desde nivel personal experimenta cada servidor.

Isabel Santini, de 46 años, enfermera desde hace 22, destaca que lo más importante es que la población coadyuve con el personal de Salud, con el Gobierno, a través del cuidado personal y haciendo caso a las recomendaciones de higiene y distanciamiento social.

“Cuando entré al área Covid me daba miedo porque soy mamá de dos jóvenes, soy esposa, hija, hermana, entonces, yo traté de aislar mi entorno familiar. Tengo desde marzo que no le doy un abrazo a mi mamá, que no le doy un abrazo a mi papá, y eso es muy difícil como personal de salud porque tratas de cuidar todas esas situaciones. El mayor temor es que a uno de tus amores lo enfermes, lo contagies; sí juega mucho la psicología con uno porque no haces la vida normal”, dice.

Complacidas con su labor y la del resto de sus compañeros, Isabel, Carolina, Amparo y Margarita coinciden con el director médico de la Zona Norte, Arturo Valenzuela Zorrilla, en que es de vital importancia que la ciudadanía colabore, aunque mañana se baje de rojo a naranja en el semáforo de riesgo en esta región, con los cuidados necesarios.

Sólo así, expresaron, sacrificios como los suyos que comparte el resto de su gremio, y para los que piden empatía, valdrán la pena.

Batallo mucho para dormir desde que empezó todo esto, me pongo a rezar hasta que me quedo dormida y aprovecho también para compartir con mi niña por teléfono. Es algo muy difícil, yo sé que está en buenas manos… en cuanto salgo hago videollamada” Carolina Núñez Enfermera.