Estado

A 32 años del ‘sábado negro’

La tromba de 1990 marcó la vida de los chihuahuenses, dejó 47 víctimas mortales, 10 desaparecidos y más de 12 mil damnificados

Gabriel Ávila/El Diario
Gabriel Ávila/El Diario
Gabriel Ávila/El Diario

Alejandra Sánchez
El Diario de Chihuahua

jueves, 22 septiembre 2022 | 15:07

Chihuahua, Chih.- Han pasado 32 años desde la tromba que enlutó a Chihuahua. Un hecho que marcó la vida de decenas de familias y que, dejó 47 víctimas mortales, 10 desaparecidos, más de 12 mil damnificados, mil 360 casas destruidas y 740 más con daños parciales.

Aunque el tiempo ha transitado y pese a que, se hicieron algunas mejoras en varios de los causes en donde las afectaciones fueron sumamente considerables; persisten zonas en las que, aún se pueden ver viviendas alrededor; e incluso, una de las madererías que se vieron dañadas en aquel entonces continúa en el mismo lugar.

La noche del sábado 22 de septiembre de 1990 y la madrugada del domingo; ocurrió uno de los hechos más atroces que han sacudido a Chihuahua. La tromba de 1990.

Este suceso, conmocionó no sólo a la capital sino también al estado y al país, ya que, fueron varias las familias que perdieron todo; pero no fueron nada más los daños materiales; hubo personas que perdieron a su madre, a su padre, a sus hijos, hermanas, abuelos…

De acuerdo el testimonio de Octavio Ortiz, quien habita en la calle 28 y Jiménez de la colonia Primero de Mayo, ese día era como cualquier otro y aunque había estado lloviendo de manera constante; jamás se imaginó que todo terminaría en una tragedia.

“Recuerdo que nosotros (mi familia y yo) veníamos de un evento de charrería que había sido cancelado justamente por las lluvias, cuando íbamos llegando a la casa, nos percatamos de que, la intensidad del agua era mucha, de hecho, había lugares en donde ya no se podía pasar. Esa noche, teníamos un evento y bueno, cuando menos pensamos, el nivel del agua ya era incontrolable”, cuenta Octavio quien en aquél entonces tenía 35 años.

Como pudo, él sacó a su familia y unas personas de otra casa de dos pisos que se encontraba en lo más alto, les dio asilo.

“Estuvimos ahí durante cuatro días hasta que ya se calmó un poco todo; después de eso, algunas de las personas de la colonia nos ayudaron a limpiar los escombros que quedaron dentro de nuestra vivienda”.

Según lo que narra Octavio, este es uno de los momentos que más le ha costado recordar en toda su vida, pues no sólo ayudó a que su familia saliera con bien sino que a rescató a otras personas, incluyendo a un bebé.

“Jamás olvidaré ese momento; ese día también rescaté a un bebé pequeñito y a otras personas; pero tristemente no pude salvar a otro niño que, lamentablemente, fue encontrado sin vida”, cuenta el hombre con tristeza.

Según datos periodísticos publicados en El Diario de Chihuahua, la tormenta puso al descubierto la irresponsabilidad y la falta de previsión de dirigentes de colonias precaristas, instituciones gubernamentales encargadas de la promoción de viviendas y de los propios particulares que, olvidándose del riesgo que representaba la construcción de casas alrededor de los arroyos, propiciaron la creación de asentamientos en esas zonas de alto riesgo.

Una mujer quien también se vio afectada en aquel entonces y quien vivía en la colonia Ampliación Insurgentes, refirió que la falta de dinero la llevó a vivir en ese lugar el cual aquella tarde se vio enlutado y por milagro, no se convirtió en su propia tumba.

La historia del peregrinar de ella, no es muy diferente a la de cientos de familias que fundaron colonias en zonas de alto riesgo, mismas que, eran encabezadas por dirigentes priistas y cedepistas.

“Fue en el 84 cuando empezamos a construir esta colonia la cual ahora esta devastada, todo se lo llevó el agua, aquí murieron dos mujeres y la corriente arrancó de varias de las casas”, dijo en aquél entonces, víctima de este suceso.

LAS ZONAS MÁS AFECTADAS

Las colonias Villa Vieja, Nombre de Dios, el Fraccionamiento la Gloria, Ignacio Allende, Insurgentes,

Villa Nueva, Diego Lucero, Granjas, Progreso, Emiliano Zapata, Arquitos, Campesina, Los Cuarteles, Rubio, Santa Rita, Pacífico, Díaz Ordaz, San José y la Primera de Mayo; fueron de las más afectadas.

En esta última, justo en la calle 36 y Terrazas; el cauce permanece con tierra y a su alrededor se observan, además de la hierba crecida, varias casas que aún se encuentran en este sitio.

Entre las construcciones está la Carpintería “Valles de Grijalva”, la cual, debido a la fuerte corriente de agua, expulsó toda la madera que había en el interior y cobró la vida de un velador, quien intentó ponerse a salvo al subirse a un escritorio, pero no lo logró.

Aunque en otros sitios como en la Ramírez Calderón y en la 28 y Jiménez los canales ya se encuentran embovedados, aún persiste el riesgo de que estos puedan desbordarse en algún momento.

Los arroyos que se vieron involucrados son: el Arroyo La Posta, el Río Sacramento, el Arroyo Magallanes, el Arroyo el Mimbre, el Mimbre 2, Galera y Galera 2, el de La Cantera, el de Los Perros, el Río Chuvíscar, el de Los Arquitos, San Rafael, San Jorge, El Barro, el De la Canoa, el Chamizal y La Manteca.

Las pérdidas en la infraestructura fueron cuantiosas: en el alcantarillado se dañaron tramos de 15 colectores, en agua potable se rompieron seis acueductos, en energía eléctrica se quemaron 25 transformadores y más de veinte postes se cayeron; los daños en pavimento fueron significativos.

VÍCTIMAS INDIRECTAS

Gracias a Dios, nosotros no tuvimos pérdidas mortales ni materiales; lo único que me aterró en ese momento, es saber del dolor de mis amigos y de ver una ciudad destruida, expresó Rosa María, quien aunque no fue víctima directa, sufrió los estragos de este hecho.

“Recuerdo muy bien que ese día estaba lloviendo mucho; según lo que tengo guardado en la memoria, nada grave; en eso, uno de mis hijos me dijo que sí podía salir con sus amigos; yo le dije que sí, pasó un rato cuando escuché en la radio que todo se había puesto muy feo, fue ahí cuando el miedo me abrazó”.

Según lo que esta mujer recuerda, inmediatamente fue a buscar a su pequeño quien en ese momento tenía aproximadamente.

“En cuanto lo encontré, lo abracé; nos resguardamos en la casa, pero luego con el paso de los días supe de una amiga mía que no encontraba a su hijo. Tiempo después, lo encontró entre unas ramas por la salida a Aldama”.

Este hecho, cambió la vida de muchos; de miles de familias que tuvieron que atravesar por lo que es considerado como algunos “una mala experiencia” y que para otros representó una forma de mostrar la unión que a veces el mundo necesita y que sólo en momentos tan complicados y al estar en la adversidad se da.

"Jamás olvidaré ese momento; ese día también rescaté a un bebé pequeñito y a otras personas; pero tristemente no pude salvar a otro niño que lamentablemente fue encontrado sin vida”

Octavio

Testigo de la tragedia