Espectáculos

Se adueña Corea del espectáculo

BTS, la única boyband capaz de rivalizar con los Beatles en listas de popularidad, es una de las "marcas" que más aporta al PIB de Corea del Sur

Reforma

lunes, 23 marzo 2020 | 09:03

Ciudad de México.- BTS, la única boyband capaz de rivalizar con los Beatles en listas de popularidad, es una de las "marcas" que más aporta al producto interno bruto de Corea del Sur.

La sensación de K-Pop, que acaba de lanzar el disco Map of the Soul 7, arrasa en las ventas de los principales mercados del mundo y significa para la economía sudcoreana 4 mil 650 millones de dólares, según Forbes.

Gracias a ventas de discos, shows y mercancía, su poderío es similar, dicen especialistas, al de la aerolínea nacional, Korean Air.

La victoria de Parásitos (de Bong Joong-Ho) en los Óscar con 4 estatuillas es una confirmación de que la cultura pop del país asiático está en fase de conquista y dominación mundial.

El Ministerio de Asuntos Exteriores del País determinó a inicios de año que el hallyu ("ola", colonialismo cultural coreano) se incrementó el año pasado en un 11 por ciento.

Eso es que los productos y talentos de la nación (con una población de más de 50 millones) consiguieron 100 millones más de fans.

Su propagación fue lenta: primero a nivel local, luego a regional. Hoy el mundo entero ya sabe de entretenimiento coreano.

K-Cinema

El cine surcoreano y su industria son potencia tanto a nivel artístico como comercial.

Además de Bong Joon-Ho, lleno de Óscares por Parásitos, otros emblemas son Park Chan-Wook (Gran Premio del Jurado en Cannes), Kim Ki-Duk (León de Oro en Venecia) Lee Chang-Dong y Hong Sang-Soo, quien ganó el Oso de Plata a Mejor Director en la pasada Berlinale.

Corea del Sur es el quinto mercado fílmico del planeta. En 2019, su taquilla redituó mil 610 millones de dólares, la mitad de esa cantidad conseguida por títulos locales.

Fue uno de los pocos países donde Avengers: Endgame no reinó; el primer sitio de ingresos fue la comedia Extreme Job (117.4 millones de dólares).

Antes de los 90, el cine surcoreano era objeto de vigilancia y hasta censura, pero encontró sus espacios, territorios y admiradores.

Su primer hit moderno fue el thriller Shiri, de 1999, punta de lanza de un nuevo cine, con blockbusters a la Hollywood. Seis y medio millones de surcoreanos la vieron, derrotando el récord de Titanic.

En 2002 llegó el drama de acción Silmido, que acarreó a salas a 10 millones de personas.

"En realidad su cine no ha jugado un papel tan importante (en su colonialismo cultural), sobre todo porque tiene sensibilidad de autor, con intenciones comerciales e identidad coreana", dice Grajales.

K-Pop

Gracias a su popularidad, BTS y Black Pink reinan la música, como antes lo hicieron Super Junior y Girls Generation.

Según un estudio de Spotify, la reproducción de K-Pop a nivel mundial creció mil 800 por ciento entre 2014 y 2020.

Blip, una empresa de investigación y estadística, determinó que entre el 1 de julio de 2018 y el 30 de junio de 2019, videos musicales surcoreanos fueron consumidos 26 mil 550 millones de veces en plataformas como YouTube.

Creada hoy con obsesión por conglomerados, la música de aquel país no llamaba la atención fuera de sus fronteras hasta que en la primera mitad de los 90 apareció Seo Taiji, rapero bandera de la revolución artística.

Tras ver su capacidad de exportación, el Gobierno lanzó apoyos y se comprometió a su difusión. Para el Mundial de Futbol Corea-Japón de 2002, la música del país ya era una potencia regional.

En 2012, Psy y su "Gangnam Style" (3 mil 500 millones de clics en YouTube) fueron los perfectos profetas del K-Pop.

"Algunos grupos están siendo incluso producidos con la intención específica de que peguen fuera de Corea, no para el mercado interno. Pueden tener ritmos más latinos y sus integrantes aprender español.

"Como laboratorio, los coreanos han llevado su producción de música a un nivel de maestría que no tienen en Estados Unidos ni en Europa", opina Grajales.

Triunfa el K-Drama en el mundo

La industria coreana se retroalimenta multidisciplinariamente, por ello algunos de los más importantes exponentes del K-Pop dieron sus primeros pasos en las series de televisión coreanas.

No como actores, sino como intérpretes de temas de entrada y salida.

Las producciones televisivas, que en un inicio eran esquemáticas historias de amor, se han diversificado.

"Ya hay thrillers, de acción, cosas que coquetean con el horror. Se ha montado toda una industria sólida", dice el experto en cultura asiática Jorge Grajales.

El impacto principal de los K-Dramas es en el continente asiático, pero cada vez más señales televisivas del orbe las transmiten.

También sus historias han hecho eco en Hollywood. Good Doctor, con Freddie Highmore, es un remake de un K-Drama. Somewhere Between, por su parte, tomó su premisa de God's Gift: 14 Days.

Entre las figuras principales de la industria televisiva se encuentran Kim Soo-Hyun y Jun Ji-Hyun (My Love From Another Star), así como Hyun Bin (Hyde, Jekyll, Me), Jang Na-ra (Happy Ending Once Again) y Lee Young Ae (Jewell in the Palace).

Todos ellos cobran cerca de 100 mil dólares por episodio, algo que no cualquiera en la cuna de la televisión estadounidense.

Además de sus dramas, los surcoreanos tienen programas de talentos de exportación.

Estados Unidos y México ya replicaron con éxito el concepto original de La Máscara, donde famosos, detrás de una máscara, cantan y los jueces deben determinar de qué celebridad se trata. En México, la versión de Televisa llamada ¿Quién es la Máscara?, tuvo sobresalientes niveles de audiencia.

Lo próximo que viene es I Can See Your Voice, en el que un famoso intentará adivinar si cierto cantante es realmente bueno, pero sin escucharlo, basándose únicamente en sus labios.

El futuro de la industria surcoreana es prometedora a futuro, pese a esta pandemia de Covid-19 que azota a todo el mundo.