Espectáculos

Al Pacino: Leyenda histriónica

Plasmó en la pantalla grande varias de las más hipnóticas interpretaciones de la historia

Tomada de Internet

Mario Abner Colina/ Reforma

jueves, 23 abril 2020 | 10:40

Los Ángeles.- Si Al Pacino se hubiera quedado en sus adorados escenarios teatrales y no hubiera nunca aceptado propuestas cinematográficas, su volcánico talento habría sido tesoro certificado de apenas unos testigos. 

Pero al salir hacia los sets y foros, el mítico actor, que el sábado llega a los 80 años, plasmó en la pantalla grande varias de las más hipnóticas interpretaciones de la historia.

"Me parece que la grandeza de Pacino radica, primero, en sus orígenes y vida teatral. Su pasión por el teatro lo ha hecho un gran actor, actor de forma", opina el productor mexicano Gastón Pavlovich, quien trabajó con el neoyorquino en el drama El Irlandés, de Martin Scorsese.

Reconocido por sus personajes poderosos, hoscos y hasta violentos, aunque con algunos dejos de moralidad, Alfred James Pacino es, en buena parte, responsable de la revolución y auge del cine estadounidense en las décadas de los 70 y 80.

Con sus tablas construyó al cínico rey de la mafia Michael Corleone de la saga El Padrino (1972, 1974 y 1990), al policía enfrentado al sistema corrupto en Serpico (1973), al desesperado protagonista de Tarde de Perros (1975), y al capo latino Tony Montana de Caracortada (1983). Todos ellos emblemas del Hollywood más autoral.

Y aunque sus personajes puedan parecer distantes por sus vidas de ficción, el histrión siempre consigue hacerlos cercanos al público gracias a su arte, apunta Pavlovich.

"Hace películas con personajes creíbles, con vulnerabilidad pero fuerza interna. Tiene una enorme capacidad para convencernos de que sus personajes son comunes y corrientes, que se parecen a alguien al que conocemos. Y eso hace que todos conectemos con sus películas".

Pacino, quien forma parte del puñado de artistas ganadores de la llamada Triple Corona de la Actuación (Óscar, al cine; Emmy, a la TV; y Tony, al teatro), egresó de los prestigiosos HB Studio y el Actors Studio.

Sus grandes maestros fueron, primero, Charles Laughton, a quien le aprendió a implicarse intensamente con sus roles.

Luego, Lee Strasberg, uno de los impulsores del llamado Método, que procura que el actor viva en carne propia los dramas de sus personajes.

Francis Ford Coppola cayó deslumbrado en una de sus obras teatrales y se empecinó en que alrededor suyo se construyera El Padrino, uno de los mejores filmes de todos los tiempos, según el American Film Institute, y la cinta que a tres años de debutar en cine le daría reconocimiento internacional.

La leyenda dice que los estudios querían en su lugar a alguien de la crema y nata de Hollywood, pues el actor les parecía poco imponente, nada taquillero y de baja estatura: 1.7 metros.

Trabajar con Pacino es fascinante, dice Pavlovich, no por nada lo han reclutado leyendas de la dirección como Sidney Lumet, Brian De Palma, Mike Newell, Michael Mann y Scorsese.

"Es una persona dispuesta a prepararse, a practicar los ángulos, los tonos, las sombras de cada frase que tiene. Es valioso verlo leer, cuestionar al director, pero no las decisiones, sino en una forma en la que siente que puede mejorar al personaje.

"Delante de las cámaras siempre tiene gran actitud. Es serio. En cortes, se muestra sonriente y bromista", explica.

En las últimas décadas hizo papeles menos significativos en la pantalla grande, pero llevó su talento a televisión y su nombre figuró en importantes producciones como Angels in America (2004), You Don't Know Jack (2010) y Phil Spector (2013).

Y se subió al escenario con las temporadas de The Merchant of Venice (2010-2011) y China Doll (2015-2016).

Su reivindicación en el séptimo arte llegó el año pasado al dar vida al sindicalista Jimmy Hoffa en El Irlandés, que le dio su novena nominación el Óscar.

La vejez, a punto de llegar a las ocho décadas de vida, no le ha hecho pisar el freno: este año estrenó la serie Hunters, y prepara dos películas más, una de ellas El Rey Lear. Y es que, aunque sea en forma de cine, Pacino siempre vuelve al teatro.