El Paso

Recrea académico vivencias como taxista fronterizo

Nacido en El Paso y criado en Juárez, Héctor Enríquez ha manejado un carro de sitio en ambos lados de la frontera y se desempeñó 33 años como profesor de Español en UTEP, además de ser empresario

Jaime Torres / El Diario de El Paso

sábado, 25 diciembre 2021 | 06:00

Vivir en la frontera El Paso-Ciudad Juárez es uno de los privilegios de cualquier persona al tener en sus manos un cúmulo de oportunidades si cuenta con la visión de un crecimiento integral y se adopta una actitud positiva sin importar la posición laboral o académica obtenida para cumplir los sueños anhelados.

Y es que la posición geográfica, la riqueza cultural y la relación transfronteriza que se da todos los días representa una mina de oro para quienes aspiran a tener una mejor calidad de vida en el futuro y servir e impactar a su comunidad para facilitarles el camino hacia el éxito.

Héctor Manuel Enríquez, maestro jubilado de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y ahora escritor, es uno de esos hombres que tuvo la perspectiva para alcanzar algunos sueños que brotaron en su niñez y juventud de cuando acompañaba a su padre a los viajes en el sitio de alquiler que conducía.

En su libro ‘Crónicas de un taxista fronterizo’, Enríquez cuenta las historias transfronterizas que vivió y disfrutó en sus viajes a bordo del taxi número 6, primero al lado de su padre y luego como conductor, las cuales describe como  ‘maravillosas’.

“Ese es uno de los aspectos que yo quería captar de cómo es el tráfico cotidiano desde los años sesenta hasta la actualidad y cómo captamos o cómo capto yo la ciudad, sus movimientos, su gente, las transas, la fayuca... todo lo que involucra la vida cotidiana de la frontera”.

A lo largo del texto, surtido de 25 capítulos, 109 páginas y con una prosa amena, pintoresca, divertida y de rápida lectura, el autor, quien educara a lo largo de 36 años a generaciones de estudiantes en su paso por el Departamento de Idiomas y Lingüística de la Facultad de Artes Liberales, motiva a los taxistas a perseguir sus sueños.

“Pero también de conocer la ciudad, de ver el aspecto lingüístico por el ‘slang’ –modismos, coloquialismos y jerga que se habla en la frontera– que utiliza el libro”, afirmó quien fuera por muchos años coordinador del Programa Internacional de la Lengua, que representa a UTEP en España, llevando a decenas de estudiantes en los veranos a empaparse de la cultura ibérica.

En su libro resalta la posición geográfica e inigualable que se tiene y la cual muchas veces los fronterizos subestiman o no entienden. “La fusión de dos culturas, de dos idiomas, de dos cocinas, de dos formas de pensar y de cómo llegamos a converger en estas dos ciudades es fascinante”.

Hombre polifacético

En este primer volumen, indicó, se explica la transición de cómo un taxista va caminando no solamente en la cuestión evolutiva de la edad sino también profesionalmente y en el que no está condicionado a tener una sola profesión sino que se puede tener una multiplicidad de pensamientos de carreras y hacerlas realidad.

Orgulloso, afirmó que el libro representa la vida de todos los taxistas, a quienes se lo dedica porque “todos son Héctor Enríquez en todos los sentidos y lo que quiero es que ellos sean Héctor Enríquez y yo quiero ser todos los taxistas”, remató.

A lo largo de las 25 historias, las cuales inicia en primera persona, narra su vida en la frontera y une la serie de incidentes y anécdotas ocurridas tanto a él como a su padre al paso de varias décadas al frente del volante a finales del Siglo XX y principios del XXI.

Y de cómo sus sueños de convertirse en concesionario de taxi, carnicero, piloto, psicólogo, profesor, empresario, actor y director de cine, escritor y enfermero, se hicieron realidad a pesar de venir del seno de una familia de escasos recursos.

 Filosofía de triunfo

En su enfoque pretende en principio que el lector disfrute la lectura; que vea que no estamos condenados a no triunfar por venir de una familia de escasos recursos; que todos los sueños se pueden hacer realidad y que todas las historias que todos tienen son tan válidas e importantes como las de él o las de los grandes escritores como Gabriel García Márquez o cualquier otro escritor. Todas son importantes.

“Dicen que tengo una memoria inigualable pero creo que todos tenemos esas memorias de niño pero que tenemos miedo sacarlas, y yo no tengo miedo de sacarlas y las he sacado”, dijo entre risas al recordar esas historias como taxista y como maestro universitario.

Orgulloso de su pasado y como practicante de una filosofía enfocada en el bien común, se describe como un ser humano que se preocupa por el bienestar de los seres humanos al haber tenido unos padres fantásticos, que aunque no tenían solidez económica, tenían buena relación y siempre fueron niños felices.

Enfatizó que el poder ayudar a sus alumnos y poder enaltecer su vida a través de la educación, representó uno de los sueños significativos en su vida. En lo personal cristalizar sus ilusiones fue gracias a la ayuda de muchas personas y a la educación, pero sobre todo a la consistencia y al amor que le ha puesto a cada uno de ellos, añadió quien cursara su instrucción primaria y media superior en Ciudad Juárez. 

En su óptica considera que “todos llevamos una persona súper fantástica dentro de nosotros pero siempre la hemos encerrado y no la hemos liberado por los miedos. En cuanto perdemos el miedo, sobre todo el miedo a la muerte, nos liberamos de todo aquello y empieza a fluir esa facilidad para poder hacer la cosas… y los obstáculos se desvanecen”, remató.

Consideró que el haber estado en UTEP –donde fue estudiante y docente– le dio la facilidad de conocer a gente espectacular, gente pensante con una motivación muy fuerte para ayudar a la humanidad, por lo que aseguró haber hecho una diferencia al estar involucrado en el mundo académico.

En memoria de su esposa

Ahora en su nueva etapa, y tras haber sufrido hace tres meses la pérdida de su amada esposa Dina, víctima del cáncer, tiene motivos para seguir adelante como docente y abrirse otras oportunidades desde el punto de vista altruista y ayudar a mucha gente en diferentes perspectivas con la formación de su propia fundación.

“Creo que la personas nos condicionamos siempre a tener y no devolver lo que la vida nos da… tenemos que compartir con los más necesitados o menos afortunados”, dijo tras recordar a su esposa, quien a manera de broma lo presentaba a los doctores como su primer paciente en las terapias de caballos para niños con autismo.

Sin embargo, a pesar de la relación con el espectro autista, al haber hablado pasados los seis años, dijo que esa conexión lo enorgullece porque de esa manera puede ser partícipe y entiende la manera de pensar de ellos. 

Identificado como una persona altamente positiva en su mensaje a la comunidad, recomienda que todos los días de nuestra vida tenemos que salir y ver ese mundo multicolor que nos ofrece la vida y que hay que echarle todas las ganas. Que el sueño que se tenga nunca debe abandonarse porque cuando se dejan esos sueños se va la vida.

De la transición de las publicaciones académicas, gracias al doctor Richard Teschner, a convertirse en escritor, se dio cuando estuve de cuidador en el trance de  la enfermedad de mi esposa, siempre quise compartir mis experiencias como taxista, que son las que me dieron una solidez en mi vida, por todas las oportunidades que pude aprovechar de tanta gente buena, dijo al puntualizar que no hay malos, sólo hay quienes tienen la ausencia del bien…

Mi padre era taxista y él siempre me llevaba como copiloto por lo que para mí cada viaje era como ir al espacio porque podía ver el cielo,los árboles, los pájaros sentado al lado de él y me parecía que cada viaje era como ir al extranjero al ver todo eso de una manera multicolor de nuestra identidad”, dijo al enfatizar que su padre amaba su profesión y por ello también le tuvo el mismo amor, además de lo divertido que era para él.

“Cuando llegó el momento de conducir era como tener un carro de carreras no para correr sino para seguir aquellas rutas y ver cómo el paisaje se le va a uno arrimando de allá hacia acá”, aportó al recordar sus 17 años y el vehículo que manejaba, un Chevrolet 1978 y de cómo cumplía su misión al llevar el pasaje a su destino.

“Lo más maravilloso fue haber podido dejar como taxista del sitio Camino Real, a cada uno de los clientes en su destino que ellos me pedían”, expresó el catedrático universitario, quien no descarta regresar al volante ahora bajo la nueva modalidad en el servicio vía Uber. 

“Extraño ese contacto tan humano de los clientes y el paisaje, los colores y los olores de mi ciudad”, dijo nostálgico, mientras charlaba sentado en la oficina de su negocio, especializado en la reparación de vehículos Honda y Hyundai, ubicado en el 11230 Montana, en el Este de la ciudad.

“Los clientes son personajes que potencialmente nos pueden llegar a ayudar a cumplir nuestros sueño, situación que no debemos de desaprovechar nunca”, dijo quien se distingue por su prodigiosa memoria al enumerar sus vivencias con una buena dosis de historia, color y el caló local tal y como lo describe el profesor emérito de Español Richard Ford en su libro.

En este libro el autor invita a sus lectores a subirse a su taxi y compartir sus experiencias y algunas historias del paisaje fronterizo, en especial a los taxistas, a quienes rinde un tributo por su trabajo en el servicio público, el cual se puede resumir en un enunciado: el espectáculo de la vida cotidiana para llegar a un destino.